viernes, 26 de junio de 2015

SUPERAR LA INDIFERENCIA. Nº 4 Ciclo de artículos breves sobre acoso escolar en apoyo al IES Ciudad de Jaén


Maria Carme Boqué Torremorell
Profesora de la Universitat Ramon Llull (Barcelona)

Nadie debería experimentar acoso escolar, ni leve, ni grave. Por eso la capacidad de superar la indiferencia ante el sufrimiento de las demás personas es, para mí, una cualidad muy valiosa. Pero ¿cómo educar en la no-indiferencia?

Primero, compartiendo sentimientos, puntos de vista e ilusiones. Segundo, desarrollando la empatía hacia los demás. Tercero, escuchando sin juzgar. Cuarto, fortaleciendo a quien se encuentra en un momento de vulnerabilidad. Quinto, acogiendo a quien no halla la manera de canalizar constructivamente sus anhelos. Sexto, siendo capaz de marcar límites entre lo que es tolerable y lo que no lo es. Séptimo, dando oportunidades para crecer harmónicamente. Octavo, creando lazos y solidaridades a modo de redes de protección ante los riesgos. Noveno... En realidad, son tantas y tantas las posibilidades de luchar contra la indiferencia y de trabajar activamente por la buena convivencia en la escuela, en la familia y en el mundo que no hay excusa que valga para la inercia.

En el caso del acoso escolar, a los programas específicos que ya se conocen y aplican, tanto en su detección como en su afrontamiento, quizás añadiría el testimonio de adultos que lo sufrieron y lo han superado, lo cual resulta muy fácil de decir, pero muy difícil de hacer. Como es bien sabido, un elemento que siempre se halla presente en los casos de maltrato entre iguales es el silencio que los envuelve. Cuando, hablando del acoso con un grupo de adultos, alguien ha tenido el coraje de reconocer que lo sufrió y cuenta su historia, su dolor y la impotencia de aquel momento reviven y el grupo se encoje, sin saber muy bien qué hacer ni qué decir ante semejante confesión. Sin embargo, dar testimonio es una manera de mostrar que, en realidad, aunque parte del sufrimiento puede que permanezca, se ha logrado retomar el control de la propia vida. También hay personas que han tenido la honradez de aceptar que, en su niñez o juventud, fueron parte activa del maltrato a alguien que no tuvo posibilidad de defenderse y nunca se sintieron culpables hasta que, ahora, reflexionando sobre la situación son capaces de valorarla en toda su crudeza. Aquello que hasta el momento era un recuerdo etiquetado simplemente como una chiquillería, se descubre, al fin, como un acto de injustificable violencia. Y, desde luego, no son pocos quienes admiten haber permanecido impasibles ante el sufrimiento de un compañero o compañera, escudándose en que el problema no era cosa suya. En el ámbito de la gestión positiva de conflictos y mediación, se habla de “healing function” o función curativa, en relación con la necesidad de hacer frente a las heridas, en lugar de taparlas, para que cicatricen mejor. Por ello, la experiencia de exponer las propias vivencias ante el acoso ayuda, en realidad, a dejarlo atrás.

En este sentido, podría resultar de utilidad para chicos y chicas potencialmente expuestos a episodios de acoso, conocer de primera mano que a otras personas les sucedió lo mismo y lo superaron. Así pues, pienso que sería interesante recibir la visita o, si no puede ser, leer en prensa, un buen día, que personas de reconocido prestigio en su campo (el deporte, la música, la política, la ciencia, etc.) se manifiestan en contra del acoso escolar porque lo han vivido. Y, lo más interesante, sería que compartiesen cuáles fueron sus puntos de apoyo en ese momento, qué fortalezas desarrollaron, donde encontraron comprensión y ánimo y quién les sostuvo. En definitiva, me gustaría que se pusiese punto y final a la insensible indiferencia ante el acoso en la escuela también desde la esperanza.