viernes, 10 de julio de 2015

ENTRE BEEP Y BEEP: DE LAS REDES SOCIALES A LAS REDES ENTRE ALUMN@S. Nº12 Ciclo de artículos breves sobre acoso escolar en apoyo al IES Ciudad de Jaén.


Orientadora del IES María Moliner de Puerto de Sagunto (Valencia).

En este momento las tecnologías lo invaden todo y la conexión a internet a través del móvil se ha convertido en el cordón umbilical que nos mantiene unidos permanentemente a nuestro mundo virtual. Con esta conexión continua se han ampliado los espacios en los que convivir y se han multiplicado las interacciones con los demás, configurándose una realidad social mucho más compleja donde se replican pensamientos, conductas, emociones… que siendo los mismos que en el mundo físico, en su correlato digital cobran nuevas dimensiones. Así, la llamada “sociedad aumentada” multiplica los efectos de presión o influencia mutua del grupo de pertenencia, generándose nuevas oportunidades de rechazo y de conflictos. Un claro ejemplo de estas nuevas formas de aislamiento lo encontraremos si investigamos quién no está en el grupo de WhatsApp de una clase cualquiera de la ESO. La plena integración social del adolescente adolescente hoy en día difícilmente puede entenderse si no está presente en las redes.

Las características evolutivas de los y las adolescentes han encajado perfectamente en las redes sociales. Las redes contribuyen al desarrollo de su identidad personal al permitirles ensayar a través de distintos perfiles, el auditorio, hasta ahora imaginario, del adolescente se materializa en el número de seguidores justificando que den todo tipo de detalles e información sobre ellos si mismos, el feedback positivo en forma de retuits y “me gusta” moldea su autoconcepto, selfies y vídeos inundan la red. Sin ser del todo conscientes de que cuánto más comparten, más vulnerables son.

En este escenario aparece una nueva forma de manifestarse el acoso, el ciberacoso, que en muchas ocasiones es una extensión del primero, pero que, en cualquier caso, es mucho más complejo. Cabría destacar tres elementos sobre los que radica esa complejidad: el anonimato desde el que se puede participar en algunas redes que produce sensación de impunidad, el estar disponible veinticuatro horas al día junto con la inmediatez que promueve conductas impulsivas sin mediar ningún tipo de reflexión sobre las consecuencias, propias o ajenas, de lo que se dice o se difunde y, por último, la reducción de la empatía hacía la víctima, pues ni el acosador, ni los observadores saben realmente cómo se siente la víctima, que puede estar llorando amargamente mientras escribe mensajes quitándole importancia o envía emoticonos que muestran una emoción diferente a la que siente.

Entre las propuestas más extendidas para prevenir el ciberacoso y promover la ciberconvivencia positiva en los centros, nos encontramos con el alumnado cibertutor, complementarios a los programas de mediación y de tutoría entre iguales con los que mantiene elementos comunes. El cibertutor, habitualmente más mayor, sirve de referente, de persona experta, de modelo para los más pequeños. En los talleres de formación trabajamos contenidos referidos al uso responsable de las TIC: identidad digital, netiqueta, control del tiempo y la impulsividad, seguridad, ciberacoso y otros “malos rollos” digitales, etc. Pero también es necesario incluir la ayuda entre iguales, la escucha activa y la empatía. La finalidad de esta formación es que el alumnado cibertutor se conviertan en mentores, en guías, de sus iguales más pequeños. Una vez acabada la formación, se presentan a la clase de la que van a ser cibertutores realizando una charla a partir del material previamente elaborado donde además de compartir trucos para disfrutar de internet, van a darles pistas de qué hacer si algo va mal o si detectan que alguien está sufriendo ciberacoso, finalizan la charla poniéndose a su disposición para ayudarles. La charla no es el final sino el principio. Se trata de tejer redes entre el alumnado, redes en las que los más pequeños encuentren modelos a seguir, espejos en los que mirarse y de donde recibir apoyo cuando lo necesiten.

Desde los centros experimentamos fórmulas para complementar la necesaria educación familiar, el mundo digital de los alumnos y alumnas tiene continuidad de la escuela a casa y viceversa. La familia es responsable de que sus hijos e hijas tengan y usen el móvil y la conexión a internet. Una actuación circunscrita a un solo contexto será insuficiente. Los chicos y chicas de hoy en día están creciendo en un contexto social, cultural y educativo radicalmente distinto al que nos acompañó a nosotros, sus padres y profesores, y no podemos quedarnos al margen ni unos, ni otros. Aunque del uso masivo de internet han surgido nuevas versiones de fenómenos ya existentes, no cabe duda de que requieren un tratamiento algo diferente y formas de intervención desde varias perspectivas.