sábado, 11 de julio de 2015

OTRA MIRADA MÁS: ACOSO ESCOLAR CON PERSPECTIVA DE GÉNERO. Nº13 Ciclo de artículos sobre acoso escolar en apoyo al IES Ciudad de Jaén.

Carolina Alonso Hernández
Miembro de Convives



Si la realidad es poliédrica y multisectorial, a la hora de analizar el acoso escolar y el profundo dolor que supone para quienes lo sufren, hemos de utilizar el mayor número de perspectivas de análisis pues cada mirada puede aportar nuevos puntos de vista que permitan alumbrar el laberinto de casuísticas personales y sociales que rodean las situaciones de acoso escolar que nos ocupa.

El acoso escolar ocurre invisibilizado por la aceptación de ciertas dosis de violencia cotidiana consideradas como como chiquilladas sin importancia, normalizadas por la cultura patriarcal que nos rodea, inconscientes de que impregnan y enferman las relaciones personales. ¿Qué nos aporta el análisis de género, el Mainstreaming (Cuarta Conferencia Mundial sobre Mujeresde Naciones Unidas, Pekín en 1995)  para comprender y deconstruir, para prevenir y poder parar el acoso escolar?

En primer lugar: Debemos tomar conciencia de cómo la socialización diferenciada reproduce invisiblemente las conductas sexistas y los roles estereotipados, estableciendo como verdades incuestionables el principio de “yo gano, tu pierdes” a través de la aceptación de la jerarquización relacional, y de la interpretación dual de la realidad y de la competitividad como motor vital que obligan a asumir y aceptar el “yo mando, yo gano, yo valgo más que tu” o bien asumir y aceptar sumisamente” Yo obedezco, yo pierdo, yo valgo menos que tu”. 

Hay quien aún hoy cree que la cultura sexista sólo perjudica a las mujeres, sin percibir que perjudica a hombres y a mujeres. La socialización diferenciada en la que se nos educa y educamos, si no lo remediamos, impide el desarrollo libre de las capacidades personales y determina las expectativas, cualidades, valores, potencialidades, estereotipos y proyectos vitales, pues culturalmente deben ajustarse a los papeles y roles que se asignan a chicas o a chicos por la simple y burda razón de ser de un sexo u otro.

Ésta es una primera desigualdad estructural presente desde que se nace, el recibir una socialización diferenciada según el sexo biológico; bien sabemos que la desigualdad, invisible pero potente, es causa básica de violencia.

Una segunda mirada de género nos invita a reflexionar sobre la pre-adolescencia y la adolescencia y su necesidad de pertenencia, de inclusión, a la vez que la de auto afirmar la propia identidad. Estas necesidades convierten al grupo de iguales en ley y con ello se incrementa la vulnerabilidad individual a la presión del grupo. El grupo va a incidir en que se sigan los estereotipos y roles de género, en reproducir los papeles aceptados culturalmente como modelos y referentes sociales.

Así, el grupo refuerza a quienes más se acercan a los estereotipos y segrega a quienes no los siguen, bien sea por imposibilidad física, sea por genética, sea porque su cuerpo “es diferente” o sea porque han elegido vivir en libertad. Son “diferentes” y por ello sufren en ocasiones rechazo, aislamiento, acoso…

Para un chico, cuanto más alejada está su imagen del estereotipo machista de “hombre occidental”, “blanco”, “triunfador”, algo “canalla”, más probabilidades tiene de ser víctima de acoso. Una chica, con una imagen alejada del referente de belleza femenina, de supuesto atractivo sexual, sin popularidad, tiene mucho mayor riesgo de sufrir acoso. 

Afortunadamente son muchas las chicas y chicos conscientes de esta absurda realidad que se quieren liberar de estas presiones y defienden su forma libre de ser, personas que voluntaria y conscientemente rompen con ese modelo tradicional, que no comparten, aun sufriendo por ver cuestionada con mayor o menor saña su personalidad, sus capacidades. Estos han de ser los nuevos referentes de deseabilidad social. 

La Violencia Cultural, pues, impregna nuestra sociedad y si nosotros y nosotras como personas adultas, como docentes, nos la cuestionamos, analizamos qué hacer ante esta realidad, deconstruiremos esos principios contaminados de las relaciones personales y fomentaremos de forma exponencial la equidad, el respeto y la aceptación de las diferencias.

¿Nuestro proyecto educativo busca la homogeneidad y normalización con el modelo dualizado, jerarquizado y desigual o fomenta la igualdad, la equidad, la singularidad, la solidaridad, la diversidad, la inclusión?

Para abordar la Violencia Directa, el acoso escolar desde la perspectiva de género, es necesario formarnos, cuestionarnos, abrir nuestras mentes y escuchar, escuchar, escuchar... Hay muchas propuestas emergentes: los Proyectos de Centro Antibullying, Protocolos que regulan las actuaciones, el apoyo y ayuda invalorables del Alumnado Ayudante, Ciberayudantes, Cibertutoras y Cibertutores, propuestas grupales como el Círculo de Amistades, la Denuncia Solidaria, los Club de Valientes en los que niños y niñas se ven reforzados y reforzadas , precisamente por actuar con valentía frente a la injusticia o la humillación, siendo cobarde, quienes abusan o necesitan humillar para sentir su propia seguridad….

Hemos de cambiar las mentalidades, debatir y generar nuevos referentes de hombres, de mujeres, de personas libres que saben elegir y disfrutar, compartir la vida con relaciones equitativas, saludables, potenciadoras de cada Ser, personas capaces de convivir en grupos y sociedades cuidadoras del bienestar personal, del bienestar ambiental y del bienestar común.